Dios nos debe una Copa
"Una alegoría especial de Jorge Andrade acerca del Oscar Sánchez, ídolo de The Strongest."
(Por Jorge Andrade).- ...porque, Si Dios hubiera querido, ese año lo saca campeón al Tigre, me dijeron, y les doy toda la razón del mundo. Sus palabras, cargadas de melancolía, me retrotraen a esos momentos tan duros, tan injustos, tan nuestros.
El Tigre terminó primero en su grupo en la primera parte del Clausura 2007. Invicto. Con buen volumen de juego, con aspiraciones legítimas, con la proyección de obtener un nuevo titulo.
Y en la banca estaba él. Un histórico de la cancha. Óscar Carmelo Sánchez Zambrana, ni más ni menos: dirigiendo con un solo riñón, porque el cáncer inoportuno se había llevado el otro. Y pese a las recomendaciones de los médicos de no volver a los campos de juego, él se encontraba ahí. Como siempre. Peleándole al futbol, hasta el último minuto.
Su historia empieza mucho antes. Empieza en Cochabamba, un 16 de julio de 1971. En canchas de tierra, en el Aurora. Era un chico que jugaba en calles polvorientas con pelota de trapo. Era arquero, pero no había espacio para ese puesto, así que tuvo que adaptarse.
Y el tiempo dio paso a mejores días, mejores momentos.Y fue ahí cuando vino Achumani, al Strongest .Llegó solo. Con diecinueve años. Con una polera y unos jeans que generaban una fuerte impresión, tomando en cuenta el frío altiplánico de La Paz.
Así lo recibió el Tigre. Debutó en 1990, cuando Moisés Barack le dio el visto bueno. Su maestro y padrino, Sergio Óscar Luna, le regaló sus primeros botines, tradición entrañable de los vestuarios de antaño. Y él aprendía, miraba, se quedaba después de entrenar, corregía defectos, pulía virtudes.
No fue casualidad que después se volviera titular. Ni que en 1993 fuera campeón.Tenía carácter, ese carácter lo llevó a la Selección Nacional y jugo setenta y ocho partidos con la camiseta de Bolivia. Estuvo en el proceso que llevó al país al Mundial de Estados Unidos en 1994. En la Copa América 1997, titular y referente en aquel equipo subcampeón ante el todopoderoso Brasil. Oscar “marraqueta” Sánchez es parte de una generación que todavía se recuerda con orgullo... y con un nudo en la garganta.
Al tiempo llego Argentina: Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Luego Independiente. Lo pidió César Luis Menotti y jugo convirtiendo verdaderos golazos y usando el cintillo de capitán.
Y en medio de todo eso, estaba su vida personal : Brian, Alejandro, Óscar, Gabriela. Cuatro hijos que cargan la misma historia de un padre amoroso y consentidor que nunca se rindió. Fue el mejor papá, me dice Corín (su esposa). Los chicos crecieron en Achumani, entre canchas, entre entrenamientos, viendo a su papá vivir el fútbol como si fuera lo único que existía en el mundo.
Luego de su paso en Argentina volvió al Tigre entre 2001 y 2002. Aunque a veces el fútbol tenga memoria corta. Lo sacaron, decisiones que nadie termina de entender del todo, y de las cuales seria bueno pedirle alguna que otra explicación al señor Óscar Córdoba. Son escenarios que configuran historias que no deben repetirse más.
Pero la vida habría de regalarnos un capítulo más. Óscar Sánchez era del Tigre. Volvió a comienzos de 2007, aunque ya no pudo jugar mucho. La enfermedad comenzó a debilitarlo y lo obligó a retirarse. El club le rindió un homenaje y lo designó técnico.
Y él peleó hasta el final, fiel a sí mismo, con ese Tigre invicto liderando su grupo como prueba de resistencia a los peores momentos que la vida te depara.
El 23 de noviembre de 2007, a sus 36 años, se apagó su voz. Quedó su historia. Quedó su ejemplo, quedó ese lugar que nadie llenó del todo.
Quedó esa sensación incómoda de que algo faltó, de que la historia no cerró, de que sí...Dios nos debe una Copa.