El valor de Ramiro

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El valor de Ramiro

"Castillo y Panichelli en ese inolvidable Tigre de 1986. (Foto: Archivo)"

(Por Germán Panichelli).- Es probable que muchos no lo recuerden, principalmente aquí en Argentina, pero en Bolivia está considerado entre los cinco mejores futbolistas de toda su historia, y yo, que lo pude ver de cerca, estoy de acuerdo con ese veredicto. No fui su amigo, incluso compartimos plantel solo unos meses, pero un par de coincidencias, hizo que el lazo afectivo se prolongara en el tiempo. 

Yo había llegado a la ciudad de La Paz proveniente del club Instituto de Córdoba, para incorporarme a The Strongest, que estaba a punto de participar de una copa libertadores. El club venía de salir campeón y Ramiro Castillo era su jugador más emblemático. Este mulato nacido en los Yungas, escuálido, de sonrisa perpetua, resultó ser un malabarista con la pelota, que parecía deslizarse sobre el campo de juego. Era dos años menor que yo y en el poco tiempo que compartimos forjamos una cálida amistad, la típica de jóvenes compañeros de plantel. Al terminar la participación en la copa, la casualidad hizo que lo contratara Instituto de Córdoba. 

Iba a ser una experiencia nueva para él y su familia y un gran paso en su carrera, pero traía consigo la incertidumbre de irse a vivir a otro país por primera vez. Recuerdo que se acercó para informarse, entonces yo, además de interiorizarlo del club y de la ciudad, me comuniqué con mis padres para que se pongan en contacto con él apenas llegue a Córdoba. 

Eso hicieron, y en esos primeros tiempos, él, su mujer y su pequeño hijo, también llamado Ramiro, encontraron en mi familia un refugio que les hizo más llevadero aquellos momentos de adaptación. Mi padre, que era muy futbolero, y ante mi ausencia, lo acogió como a un hijo y comenzó a acompañarlo a todos lados, y los ratos libres, Ramiro y su familia, los pasaban la mayor parte en la casa de mis padres. Luego de un comienzo errático, su paso futbolístico por Instituto fue muy bueno y le abrió las puertas de Buenos Aires. Recaló en Argentinos Juniors y el equipo de la Paternal fue el escalón para llegar a River Plate. 

Por otro lado, a mí las cosas me fueron muy bien en el equipo de La Paz, y luego de un par de años y por un capricho del destino, nos volvemos a encontrar en la capital de Argentina y en el mismo club. Ahí, en más de una oportunidad, conversamos de aquel pasado en común que habíamos transitado. Yo después de una lesión regresé a Córdoba como ex jugador y el siguió mostrando su talento por otros equipos, Rosario Central, Platense, otro paso por The Strongest, Everton de Chile, hasta recalar otra vez en La Paz para jugar en el Bolivar, siempre en paralelo a su participación en la selección de Bolivia. Después de aquel año en Buenos Aires nunca más lo vi, pero seguí de cerca su carrera como la de muchos otros conocidos que te va dando esta profesión. 

En el transcurso de esos años, tanto por su desempeño deportivo, como por su excelencia como persona, se había transformado en un gran embajador de su país en el exterior y en un ejemplo dentro de aquel. Era la historia de la cenicienta, un humilde chico al que la vida no paraba de sonreírle. Buena gente, carismático, premiado con la hermosa familia que había formado. Pero el calvario estaba por comenzar. Fue durante la copa América que se jugó en Bolivia en el año 1997, cuando estando ya en el estadio Hernado Siles, a minutos de jugar la final, Ramiro Castillo recibe la noticia de que a su segundo hijo, Juán Manuel, de siete años, lo habían internado de urgencia a causa de una hepatitis aguda. Dos días después, el 30 de junio de 1997 el estado del niño agravó, y finalmente falleció. 

Nadie en esta vida debería pasar por ese trance, la muerte de un hijo es la peor de las tragedias, un infierno por el cual ningún padre tendría que atravesar. Ramiro Castillo no pudo soportarlo, cayó en un profundo pozo depresivo y se aisló de todos. Amigos en común me contaron, que en esos días aciagos, fue incesante las muestras de apoyo que recibió para intentar sacarlo de aquel estado. No pudieron lograrlo y tres meses después de la muerte de su hijo se suicidó. 

Lo hallaron ahorcado en su casa del barrio de Achumani, al sur de la ciudad de La Paz, el 18 de octubre de 1997. Unos días antes, el 12 de octubre, había jugado su último partido defendiendo la camiseta de su selección ante Ecuador, en un partido por las eliminatorias del mundial de Francia 1998. Para el pueblo de Bolivia fueron días de conmoción, de mucho dolor, pero fueron también ellos, quienes hasta hoy y con su cariño, los que se encargaron de mantener vigente el recuerdo de uno de sus hijos pródigos.

- Extraído del facebook personal de Germán Panichelli, ex jugador argentino de The Strongest a mediados de los 80's.