El Chupa que recuerdo
"Don Rafo y el Chupa Riveros, dos hombres que sentían el mismo amor por el Tigre. (Foto: Archivo)"
(Por Marcelo De la Cruz).- El Chupa vivía en Miraflores, en la calle Cuba 1308, casi esquina Salvador. Esta a una cuadra de la Avenida Busch, muy cerca de las funerarias que hoy en día se han multiplicado. Tenía una tienda, obviamente llamada El Tigre, cuando uno iba llegando la identificaba inmediatamente porque todo su decorado estaba en amarillo y negro.
El Chupa Riveros vivía en una casa de cuatro pisos, el segundo era el suyo y aunque su timbre no tenía nombre, todos sabíamos que él respondía cuando se le llamaba. Cuando uno ingresaba, desde la puerta hasta su sala había un pequeño museo dedicado al gualdinegro. Cuadros, recortes enmarcados, fotografías y premios que recibió en vida. Mirar todas sus preseas era mirar a The Strongest también.
El Chupa tenía su propio bar en casa. En ese su centro del universo estaba una fotografía de Don Rafo Mendoza y él, era su orgullo. Se pasaba mirando varios minutos esa imagen porque admiraba al presidente que supo darle orgullo a la institución. Él era mi amigo, me invitaba a tomar una taza de té para hablar de fútbol, fue un gran Tigre, un gran hombre, contaba con notable lucidez y admiración. Cuando recordaba esos momentos casi lloraba porque como el mismo dijo: yo y Don Rafo fuimos iguales, muy emotivos. Era su rincón preferido, en su hogar siempre vestido de atigrado, el verdadero hogar del Tigre.
Pero su orgullo tenía también varias imágenes que valoró hasta el último día. Fotografías con el General Banzer, presidente del país, Don Mario Oxa presidente del club eran sus favoritas; pero la más linda es una donde él está en una de las puertas internas del Siles con una bandera encima de todos, ondeando una bandera. Era el mejor ejemplo de lo que significaba su pasión, era muy feliz de mostrarla y sobre todo de contar historias alrededor de ella.
Le gustaba la coca-cola en vaso de cristal y era amable como ninguno. Te demostraba su cariño y te abría el corazón para los que fuimos a buscarlo por diferentes motivos. En 1991 entró en huelga de hambre porque el gobierno casi le quita sus ahorros que tenía desde 1982, pero aún en la medida de presión siempre estaba al tanto de lo que hacía su equipo. El Tigre fue lo primero en su vida y seguramente desde el cielo, también está al tanto de este Tigre que vive y se conduce por la historia; como el mismo Chupa vivió, para darle más gloria a nuestro querido club.
Un día a mediados de los 90's salí de la cancha con bronca porque el equipo había jugado mal y en la Camacho había un barcito donde estaba el Chupa, entre y pensé que hablando con él descargaría mi molestia por el fútbol que vi. Él me dijo que se gana y se pierde, que se juega bien o se juega mal; pero nunca se deja de ser Tigre, un Tigre sigue adelante y nunca se abandona. Ese día fui feliz porque me tome unas frías con el prócer, ahora soy feliz cuando lo recuerdo.