Nos cocinaron en Recife

El en La Verde
Nos cocinaron en Recife

"Branco ya cabeceó y Trucco no puede tapar, uno de los seis goles en Recife en 1993. (Foto: Video)"

El 29 de agosto de 1993, la Selección boliviana de fútbol comenzó una seguidilla de tres encuentros en condición de visitante, en los que necesitaba al menos un par de puntos para asegurar su clasificación al Mundial y con 12 unidades ser inalcanzable para ecuatorianos y uruguayos.

La primera parada fue en Recife frente a Brasil, que venía con el ojo en tinta por lo que pasó en La Paz, cuando Bolivia le quito un invicto de 43 años que tenía la Canarinha sin perder en las eliminatorias. La semana previa al compromiso, los integrantes del conjunto brasileño se encargaron de crear un clima hostil y de guerra para la visita de la Verde. “Ha llegado la hora de probar quién es el mejor”, citaba Bebeto, quien era el abanderado en clamar venganza por lo que pasó en el estadio Hernando Siles.

Para los jugadores comandados por Carlos Parreira no se trataba de un simple juego de revancha. “Allá (en La Paz), ellos nos intimidaron todo el tiempo y yo les avisé que tendrían que jugar en Brasil. Yo fui cazado (marcado) por Melgar, pero los aficionados bolivianos fueron agresivos con los brasileños, fue difícil hasta caminar entre el hotel y el bus”, declaró Bebeto.

“Los bolivianos fueron arrogantes de local, parecía que ellos eran los tricampeones del mundo”, agregó Zinho.

En La Paz, el delantero Álvaro Peña respondió las críticas y dijo que “los brasileños hablan porque no pudieron conseguir los diez puntos que tenemos nosotros, están dolidos. Azkargorta calmó las aguas y apuntó que “no es novedad que Brasil tiene jugadores de gran calidad, pero nuestro equipo puede rendir en cualquier parte”.

El partido

Todo el clima que alistaron los brasileños se reflejó en el estadio Arruda. Aproximadamente 76.000 personas clamaban venganza, Recife era un horno con 35 grados de temperatura. “Se van a cocinar”, les gritaron a los integrantes de la Selección el momento que ingresaban al estadio.

Brasil ingresó al campo de juego y todos sus jugadores se agarraron de la mano, en un símbolo de unión y de que juntos se podía tomar venganza. El aliento de la torcida era ensordecedor, inclusive, durante las notas del himno boliviano. Ese griterío infernal tapó por completo los aires musicales que interpretaba una banda.

Brasil fue una tromba desde el primer minuto de juego, a Bolivia le costaba hacer dos toques seguidos y apenas pasaba la mitad del campo de juego. El marcador se abrió a los 12 minutos por intermedio de Raí, que aprovechó un balón que no pudo retener Trucco y fue el inicio de la pesadilla.

El segundo fue obra de Muller (19’) y Bebeto marcó el tercero (23’); pero antes del final del primer tiempo el show brasileño prosiguió con los goles de Branco (35’) y Ricardo Gomes (45’). El panorama para Bolivia era negro con cinco goles en contra y con toda una etapa por delante.

En el complemento, Bebeto anotó de entrada (3’) la media docena y luego los brasileños se calmaron, Bolivia controló mejor las cosas y se volvió más serena. La Canarinha jugó la parte final del partido con diez hombres por la agresión de Dunga en contra de Carlos Borja.

La derrota caló hondo en el seleccionado, pero las cinco victorias previas que se habían conseguido no eran fruto de la casualidad y todos habían comprendido que era un traspié, pero que el equipo seguía con vida y con las posibilidades intactas de jugar el Mundial. En un par de semanas, Uruguay esperaba en el estadio Centenario en el penúltimo juego del grupo premundialista.

- Página Siete