Arsenio Erico, el bailarín paraguayo
"La imagen de 1940, el centro y de palomita Erico le hace el gol a Boca Juniors, él jugaba para Independiente. (Foto: El Gráfico)"
Arsenio Pastor Erico nació en Asunción, Paraguay, el 30 de marzo de 1915 y se inició en el club Nacional de la Liga Paraguaya. Por uno de esos avatares del destino llegó a ser una de las figuras máximas del balompié sudamericano.
A comienzos de la década del 30, Erico integraba el equipo de la delegación de la Cruz Roja que hacía giras para recaudar fondos para la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia.
En una de esas giras la delegación llegó a Argentina donde tenía pactado una serie de encuentros. Directivos del club Independiente observaron al jugador guaraní y no dudaron en contratarlo. Así comenzó una de las leyendas de la institución de la casaca roja y a la vez a conformarse un verdadero mito en el fútbol rioplatense.
Erico fue, es y será el fuera de serie, un jugador sin molde que pudo haber jugado en cualquier época. Dueño de un estilo demoledor y fantasioso, poseía en la cancha una personalidad especial que generaba respeto entre compañeros y contrincantes.
Era hábil en espacios chicos y de excelente pegada. Dueño además de un salto electrizante que rubricó con la cantidad de goles que marcó con la cabeza. En su momento fue el astro indiscutido de Independiente y del balompié argentino, lo que entonces se optaba por llamar un CRACK en mayúsculas.
Jugó para Independiente desde 1934 hasta 1946, coronándose campeón en 1938 y 1939, y formando una trilogía de ataque que causó sensación en suelo gaucho: Vicente de la Mata, Arsenio Erico y Antonio Sastre (entre los tres marcaron 556 goles, sólo Erico 293). Llegó a marcar seis goles en un partido (a Quilmes en 1937, con un resultado final de 7-1) y cinco en otros dos encuentros.
Su estilo tan propio y agresivo y su récord de goleador lo convirtieron en uno de los favoritos de la afición de Independiente, y son muchos los hinchas que lo ubican un escalón más arriba del notable Bochini, hijo dilecto del club. Se dice que desde ahí ambos miran al resto de los mortales.
Cierta vez antes del Mundial de 1938 en Francia, Argentina quiso armar un equipo potente en pos de lograr la Copa Mundial e intentó convencer a Erico para que se nacionalizara por la friolera suma de 200.000 pesos de la época (una suma principesca ya que un automóvil último modelo valía 5.000 pesos). Erico dijo simplemente que “no”, antes que nada, era paraguayo. Eso llegó al conocimiento público entre los hinchas argentinos y llegaron a aplaudirlo a rabiar por ese acto de noble y sencillo patriotismo. Un periodista porteño escribió “El Hombre de Mimbre, el Paraguayo de Oro, cuanto nos lamentamos que no fuera argentino…”.
Arsenio Erico, tal vez el futbolista paraguayo más famoso de todas las épocas, falleció en Buenos Aires en 1977, a los 62 años de edad.